El Viento Que Arrastra Almas

Introducción: El susurro del viento

El sol comenzaba a esconderse tras las montañas, tiñendo el cielo de tonos rojizos y naranjas que se reflejaban en el tranquilo lago cercano al bosque. En aquella pequeña comunidad rural, la tranquilidad era solo una ilusión que se desvanecía con la llegada de la noche. Se decía que cuando el viento soplaba con fuerza, las almas de los antiguos habitantes del pueblo buscaban liberarse de su eterna condena.

Nudo: La danza de las sombras

Los lugareños evitaban salir de sus hogares cuando el viento empezaba a rugir entre los árboles, pues sabían que aquellos susurros ocultaban algo más que el simple eco de la naturaleza. Una noche, María, una joven curiosa y valiente, decidió desafiar las advertencias y adentrarse en el bosque con la esperanza de descubrir la verdad detrás de los misteriosos lamentos que atormentaban sus sueños.

A medida que avanzaba entre los árboles retorcidos y el suelo cubierto de hojas secas, María sintió un escalofrío recorrer su espalda. El viento soplaba con una intensidad inusual, como si estuviera tratando de contarle algo. De pronto, vislumbró unas sombras moverse entre los árboles, danzando al ritmo de una melodía desconocida. Intrigada, siguió su rastro hasta llegar a un claro en el bosque donde una figura encapuchada la esperaba.

Desenlace: El susurro eterno

La figura se volvió hacia María, revelando unos ojos vacíos y un rostro pálido que parecía fundirse con la oscuridad de la noche. Sin mediar palabra, extendió una mano huesuda hacia ella, invitándola a unirse a la danza de las sombras. María retrocedió instintivamente, sintiendo el miedo apoderarse de su ser. Sin embargo, algo en aquella figura le resultaba familiar, como si hubiera estado esperando ese encuentro desde el principio de los tiempos.

En un impulso, María tomó la mano extendida y se dejó llevar por la misteriosa criatura en una danza frenética y sin fin. El viento seguía soplando con fuerza, arrastrando consigo sus susurros y lamentos, envolviendo a María en una espiral de sensaciones indescriptibles. Cuando finalmente la danza llegó a su fin, la figura se desvaneció en la oscuridad, dejando a María sola y desconcertada en medio del bosque.

Mientras regresaba a la comunidad, María no pudo quitarse de la cabeza la imagen de aquella figura encapuchada y los susurros del viento que parecían susurrarle secretos ancestrales. ¿Qué había descubierto realmente en aquel bosque prohibido? ¿Era el viento portador de almas perdidas o simplemente un eco de antiguas leyendas? Quizás nunca lo sabría con certeza, pero una cosa era segura: aquella noche, el viento había arrastrado su alma a un lugar desconocido, donde las sombras danzaban eternamente en la oscuridad.

Y así, la historia de María se convirtió en parte del folclore local, alimentando las supersticiones y temores de los habitantes del pueblo. ¿Qué destino aguardaría a aquellos que se atrevieran a desafiar al viento que arrastra almas? Solo el tiempo y la oscuridad lo sabrían.

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